El desorden se concentra en la puerta. Zapatos, bolsos, llaves, correspondencia: el recibidor los captura por diseño o los dispersa por omisión hacia el resto de la casa. Una banca, un riel de ganchos y gabinetes cerrados forman la bienvenida mínima indispensable.
Asigne un espacio a cada miembro del hogar
Un nicho etiquetado por persona — aunque mida treinta centímetros — termina con la búsqueda matutina y la pila vespertina. Sume un cajón para los objetos pequeños que de otro modo colonizan la cocina: lentes de sol, cargadores, correas.
El asiento no es opcional
Ponerse los zapatos de pie es una pequeña indignidad diaria; una banca con zapatera debajo es la cura, y ancla la composición del muro. Vea cómo se combinan las piezas en nuestra página de recibidores.
